
volver a ver el sol brillar,
levantarme y mirar
que no todo tiene que acabar mal,
no se si con ella mi busqueda ha de terminar,
pero sin duda, seria un gran final.
rendija de la puerta, así es como describiría la gran parte del tiempo que he dedicado a buscarme, el niño curioso y aventurero quería saberlo todo, no entendia nada, quería abrir la puerta y abrirse al mundo, pero esta vez no mandaba el, mandaba el chico asustado, algo castigado por el tiempo y con miedo al mundo. En este tiempo descubrí lo realmente útil que es saber de lo uno es capaz, pero sin duda la lección que no olvidare es la que mas me hacia falta, la calma, calma para vivir, paso a paso, día a día, antes, solía vivir pensando en el siguiente paso que tenia que dar sin fijarme en el importante, el del presente, si no te fijas caes, caes al precipicio de las improvisaciones aireadas.

“Cierra los ojos que las letras sean tus ojos, imagina”
Mesa para seis, sentado solo en la terraza de un bar, se sienta uno a mi lado, se va, vuelve a sentarse otro a mi lado, se vuelve a ir, quizá sean mis ojos, quizá sea el ambiente que he creado, no conseguirían liquidarlo ni con cuchillos de carnicero, creo que he llegado al tope que podía tener, que mi cabeza podría tener, no contare detalles, eso me lo reservo, pero el viejo pero mas joven de espíritu que avita en mi quería salir, y le deje, bueno sigo contando.
Gente a mi alrededor, gente que entra, sale, se queda hablando, ríe, habla, discute, discute … últimamente eso se me da genial, siempre salgo ganando, siempre termino solo, después de tanto tiempo, pensándolo tranquilamente, estando a solas piensas cada movimiento mas fríamente; fríamente, me encanta pensar así, tomarme la vida como cual tablero de ajedrez, cada movimiento tuyo repercute en otro lado, todo sigue una cadena, todo tiene sus consecuencias, quizá mis consecuencias sean empezar una nueva etapa en mi vida, la afrontare firme y sereno como la ocasión lo merece.
Antes de cerrar esta entrada querría mandar un mensaje a quien pueda leer esto y se sienta identificado con el mensaje, vive y afronta tu vida, no seas un mero espectador de la función de tu vida.

ego de niños que jugaba de pequeño, consistía en esconderse de aquel amigo, aquel amigo incansable, salvo que en este “juego” pierdo todo el tiempo, necesito algo, algo a lo que agarrarme o caeré, caeré otra vez en ese agujero que es la soledad, tan grande por dentro, pero sin embargo, tan diminuta si la ves acompañado.

